Fernanda Cabral

"PRAIANOS" é o primeiro CD de lançamento da brasiliense Fernanda Cabral. O nome Praianos, título de uma de suas parcerias com o músico Chico César, resume, em grande parte, a atmosfera do disco, já que muitas das músicas falam do mar e do amor em suas diferentes dimensões: "...a gente se persegue docemente, quase num flerte transoceânico, por falha humana ou acerto mecânico..." (Chico César).

Praianos é um disco inteiramente autoral, gravado entre Madri, João Pessoa e São Paulo.
O Oceano Atlântico une e separa dois continentes, dois universos, a raíz e toda a contemporaneidade buscada nas próprias composições. Essas composições são perpassadas pelas texturas eletrônicas, pelos baques da Paraíba e pela modernidade da produção do pianista espanhol Cope Gutiérrez, também parceiro no disco, assim como Elisa Cabral, Laurita Caldas e Leo Minax.

Nesses anos de andança pela Europa e pelo Japão, Fernanda Cabral cantou no Blue Note de Tokyo e em vários festivais de World Music por diferentes países, como Escócia, França, Portugal e Espanha. Ela se apresentou com nomes como Wagon Cookin, Pedro Guerra, Rainer Trüby, Carlos Núñez e Zezo Ribeiro. No Brasil colabora com o DJ e produtor Chico Correa, que também participa do CD.

Um disco brasileiro e europeu, antigo e novo, semente de uma jovem compositora que acredita nas canções e em sua atemporalidade buscada.

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Fernanda Cabral por Bruno Galindo

Sigo a Fernanda Cabral desde que la vi por primera vez, y no me acuerdo donde fue esa primera vez; tal vez en el irremplazable Suristán, o en algún café del centro de Madrid. No sabía que era natural de Brasilia, pero con la infancia vivida en su tierra del corazón, Joao Pessoa, ciudad inhabitual entre Fortaleza y Recife, pero se hacía obvio por su dominio de los palos primigenios del Gran Libro de la Música Brasileña –maracatu, xote, baião, samba- la existencia, providencial para un artista de allí, de la sangre nordestina (digamos que el Nordeste es a Brasil lo que Andalucía es a España. ¿De ahí la pasión de Fernanda por Lorca y el flamenco? Vamos por partes). Conocí hace tiempo a Fernanda Cabral, tal vez hace seis o siete años –aún no estaban de moda las chancletas con la bandera brasilera-, y ella interpretaba a gusto mpb y bossanova, asignaturas fundamentales para una diva de su garganta sedosa, elegancia imperturbable y belleza insolente.

Obedece su perfil –supe años más tarde- al de la artista formada en un maremagnum de culturas, ideas, películas, personajes, tendencias y corrientes; todo ello imbuido por su madre, saxofonista, socióloga y doctora en cine; personaje clave en la escena cultural de la capital paraibana desde los días del tropicalismo antropófago y mutante preconizado por el viejo Oswald de Andrade. Fernanda es actriz y baila desde su infancia -y tocaba la flauta dulce, hizo cinco años de piano, y se encargaba del violín en la Orquesta Infantil de Paraíba-, y de hecho hay que agradecer a su intuitiva admiración –ahora sí- por el baile flamenco, su presencia en España. ¿Se hace aquí como artista, como artista brasileña? De alguna manera, sí.

Hablemos rápidamente de músicas que merece la pena disfrutar sin prisa y que corresponden a su “época española”: sus composiciones con el guitarrista Zezo Ribeiro (en 2000). Su mágico Mar, clásico del nu jazz escrito junto a Wagon Cookin’ (en 2001), que les brinda a todos ellos una flamante edición en el Reino Unido, cálidas loas de gurús de la pista de baile como Gilles Peterson, Russ Dewbury o Rainer Trüby, y una gira que llega hasta Tokio. En 2003, después de otro éxito con Wagon Cookin’ -Lúa, para el sello Compost de Rainer Trüby-, su colaboración junto a algunos de los songwriters adoptados, como ella, por Madrid (el canario Pedro Guerra, Leo Minax, de Belo Horizonte). Mil conciertos –en uno de esos la vi una noche- mano a mano con el orfebre guitarrista Mario ‘Pájaro’ Juárez, argentino de Córdoba. Sin perder nunca de vista la escena brasilera: es invitada por el gran Chico César a una participación especial en el concierto “Voz, violão e você”, en el lisboeta Teatro São Luis, en 2004. Cabral y Cabeza-de-piña presentaron ahí juntos su primera canción conjunta –parcería, como se dice allí-, Hora H dia D. Más reciente, de 2005, su colaboración con el productor y DJ brasileño Chico Correa: un concierto junto a los mejores pinchas locales en Petrolina-Pernambuco (apenas separada por un río de Juazeiro-Bahía, tierra de Joao Gilberto), y el registro de su voz en dos temas en el debut de este, Eu pisei na pedra y Côco de Elevador, temas a punto de salir a la luz cuando escribo estas líneas.

Y llegamos a 2011. Hace poco me encontré con ella, y ella me metió en el puño un papel doblado con una cita de Gaston Bachelard, filósofo jungiano y ensayista francés; hablaba de la vocación del artista y de su éxtasis cuando encuentra lo que tanto ha buscado entre tanta oscuridad. Conocí a Fernanda Cabral hace ya seis años, ¿o siete? Da igual: era igual y era distinta a ahora. Como todos nosotros. Ya formaba parte –y ahora más y mejor aún- de esa voz colectiva llamada Brasil, que a veces, en los momentos de la más melódica inspiración, se llama únicamente Marisa (Monte), Adriana (Calcanhotto), Paula (Morelenbaum). Dulce y mestiza, oscura y amable, fridakalhiana, poéticamente impregnada de los elementos –del aire, de los sueños- de los que está hecha la música que escucha, y la que hace: permítanme presentarles a Fernanda Cabral.